Los empleados aburridos pueden ser mas riesgosos que los empleados estresados. Estudios científicos han demostrado que el aburrimiento puede ser el disparador de actos negativos al interior de las organizaciones.
Cuando hablamos de fraude interno pensamos en la presiones económicas, en la codicia, la falta de controles, la corrupción y en general los comportamientos deshonestos. Casi nunca pensamos en algo tan común y aparentemente inofensivo como el aburrimiento. Una investigación reciente muestra que esa emoción, que todos la sentimos alguna vez, puede ser un terreno fértil para conductas que terminan dañando a las organizaciones.
El aburrimiento empuja a actuar
El aburrimiento no es pasivo, cuando lo padecemos sentimos una señal que nos empuja a hacer algo diferente. Esa búsqueda puede llevar a la creatividad, pero también a decisiones arriesgadas. En el documental La ciencia del aburrimiento, la psicóloga Erin Westgate, de la Universidad de Florida, plantea que todos tenemos el potencial de tomar malas decisiones y el aburrimiento puede llevarnos en esa dirección. El neuropsicólogo James Danckert, de la Universidad de Waterloo, identifica que sus principales desencadenantes son lo repetitivo, lo que no tiene sentido y sobre todo la obligación. La repetición, la falta de sentido y la obligación son los tres rasgos que describen a muchos puestos de trabajo.
Los estudios sobre el entorno de trabajo
No solo hay estudios viejos, tambien contamos con estudios recientes donde se analiza el factor de riesgo que tiene el aburrimiento sobre los actos deshonestos al interior de las organizaciones:
- Empleados aburridos, conductas contraproducentes: Bruursema, Kessler y Spector (2011) encontraron que tanto el aburrimiento en el trabajo como la propensión personal a aburrirse se relacionan con conductas contraproducentes, incluidos el sabotaje y el robo.
- Un círculo vicioso: un estudio de 2024 siguió día a día a 120 empleados. El aburrimiento de un día predecía más conductas contraproducentes al día siguiente y esas conductas, a su vez, aumentaban el aburrimiento.
- El peligro del tiempo muerto: Zeschke y Zacher estudiaron a 1036 empleados durante 12 meses. Se centraron en el “tiempo ocioso”, es decir, los periodos en que una persona no puede trabajar por razones ajenas a ella. Ese tiempo genera aburrimiento y el aburrimiento se asocia con más conductas contraproducentes y más intención de renunciar.
- El vínculo directo con el fraude: el investigador Matthew Hollow (2013) lo llamó “el factor olvidado en la prevención del fraude”. Según él, la falta de estímulo y de compromiso aumenta el riesgo de fraude en las organizaciones.
Sería un error científico y ético usar la predisposición individual de una persona como marcador de riesgo. Lo que sí está al alcance de las empresas es el entorno y las condiciones de trabajo que generan aburrimiento sí se pueden gestionar.
El aburrimiento y el triángulo del fraude
El aburrimiento toca los tres vértices de la teoría del triángulo del fraude de Donald Cressey:
- Presión: es un malestar que busca salida y no siempre la busca por el camino bueno sino por el malo.
- Oportunidad: quien se aburre en un puesto rutinario suele conocer muy bien sus procesos, sus atajos y sus puntos ciegos.
- Justificación: el aburrimiento crónico suele venir con desconexión y resentimiento (justo la materia prima de las justificaciones).
Esta aparición no es un fenómeno exclusivo de cargos operativos, Bruursema y su equipo señalan que también afecta a los cargos directivos, donde el acceso y la capacidad de causar daño son mayores.
Genética y propensión
La ciencia distingue entre el aburrimiento de estado (el que todos sentimos en una reunión eterna) y el aburrimiento de rasgo (personas que se aburren con más frecuencia o toleran mucho peor la falta de estímulo). Este rasgo se asocia con la ansiedad, la depresión, las conductas de riesgo y el consumo de sustancias.
Un modelo reciente propone que el aburrimiento se origina en diferencias tempranas de temperamento y de control ejecutivo y que luego se moldea con el entorno, la familia, la escuela y la comunidad. Es decir, hay una base biológica, pero también una enorme influencia del contexto.
El cerebro también muestra diferencias. En un estudio publicado en septiembre de 2026, Danckert y su equipo encontraron que las personas que se aburren con frecuencia tienen una conectividad cerebral mayor y redes neuronales más integradas y flexibles que quienes casi nunca se aburren. Ese patrón está ligado a los sistemas cerebrales que regulan la activación y es distinto del observado en el TDAH.
Existe entonces un gen del aburrimiento?, hasta hoy, la evidencia no apunta a un gen único, apunta a una combinación de predisposiciones biológicas y experiencias de vida.
Referencias
(Bruursema, Kessler & Spector, 2011) Bored employees misbehaving: The relationship between boredom and counterproductive work behaviour.
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